Abril 19, 2012

Hoy hace 17 años

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Jerry Hyden, Director de la Oficina de Campo de HUD en Oklahoma City

Hoy se conmemora el 17 aniversario del bombardeo en Oklahoma City, uno de los peores actos de terrorismo doméstico en suelo americano. Este acto cobarde de terrorismo mató a 168 personas, 19 de ellos niños. Treinta y cinco de las víctimas eran mis amigos y nuestros compañeros de trabajo.

Aunque en la actualidad soy el Director de la Oficina de Campo de la Oficina en Oklahoma City, en el momento de la explosión era un especialista en préstamos en la oficina de Tulsa, Oklahoma de HUD. Recuerdo la mañana del 19 de abril con claridad. Alguien asomo su cabeza en mi puerta y me dijo que el edificio federal Murrah en Oklahoma City tuvo algún tipo de explosión. Pensé que debía ser algo relacionado al boiler o algo de naturaleza mecánica. Como tenía amigos en la oficina de Oklahoma City, decidí a llamar para ver lo que estaba pasando. Marqué el número y el teléfono sonó y sonó, pero nadie respondió. Por fin alguien trajo una televisión.

La noticia era mucho peor que cualquier cosa que jamás hubiera imaginado. Todo lo que quedaba era una parte del edificio. Junto con la nación, vimos como los equipos de emergencia rescataron a personas del edificio, ya que duró toda la noche y hasta las horas de la madrugada. La realidad de que algunos de nuestros empleados no lograron salir del edificio comenzó a entrar a mis pensamientos.  Empecé a pensar en la gente que conocía que trabajaba en la oficina de campo de Oklahoma City y en ese momento comencé a rezar con aún más ganas por su seguridad.

Como todo el mundo, quería ayudar, de hacer cualquier cosa que pudiera hacer las cosas más fáciles para los empleados que sobrevivieron al bombardeo. Todo el mundo en la Oficina de Tulsa estuvo de  acuerdo en que teníamos que llevar la carga de trabajo de la Oficina de Oklahoma City y lo hicimos dentro de las 72 horas de los bombardeos. Yo creo que ese simple acto nos ha ayudado a sentir como si estuviéramos haciendo algo para ayudar a nuestros compañeros de Oklahoma City.  También unió mas a la oficina de Tulsa.

En Septiembre de 1995, acepté un puesto de jefe de oficina en la Oficina Local de Oklahoma City. Los empleados habían vuelto a trabajar hacia unos meses y yo estaba muy emocionado por la oportunidad de trabajar con un grupo de personas tan dedicadas. Honestamente, fue una tarea difícil. Los empleados seguían luchando con sus sentimientos tras las consecuencias de perder a 35 de sus compañeros de trabajo. Cada día los veía más fuerte. Todavía estoy sorprendido por la valentía y la determinación que mostraron para asegurar que nuestro trabajo siguiera adelante a pesar de las terribles consecuencias que el atentado había causado. Me di cuenta de que mis problemas eran pequeños en naturaleza cuando pensé en la gama de emociones y sentimientos que mis compañeros de trabajo y las familias de los empleados que murieron estaban sintiendo.

Diecisiete años después, todavía hay 21 personas en la oficina de campo de Oklahoma City que estaban allí ese día terrible. Creo que todos hemos cambiado y siempre tenemos nuestros propios recuerdos personales del 19 de abril de 1995. Yo puedo decir esto: Nunca he en el pasado, y nunca lo hare en el futuro, trabajar con un grupo más decidido y valiente de servidores públicos que los de la Oficina de Campo de Oklahoma City. Es un privilegio y un honor trabajar con ellos.

En este 17 aniversario, cuando miro por la ventana de mi oficina, puedo ver el monumento al cruzar la calle. Esta mañana, como ha sido nuestra tradición desde el primer aniversario, los empleados de HUD irán al memorial para poner una rosa en cada una de las 35 sillas con los nombres de nuestros empleados caídos. Estas personas valientes que eran nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo; que dieron a la plenitud del sacrificio por nuestro país nunca serán olvidados. Vamos a orar con sus familiares y amigos. Las palabras a la entrada del monumento todavía tiene un profundo significado hoy:

Hemos venido aquí para recordar a quienes perdieron la vida, los que sobrevivieron y los que cambiaron para siempre. Que todos los que salgan de aquí sepan el impacto de la violencia. Que este monumento ofrezca consuelo, fuerza, paz, esperanza y serenidad.

Fue ese mismo “Espíritu de Oklahoma”, que ayudó a reconstruir la ciudad. Ayudó el construir un monumento hermoso, que muestra que el bien puede triunfar sobre el mal.

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